Las Lumbres

Más de 21 hogueras en toda la ciudad de Jaén arden en la noche mágica en la que se celebra la fiesta de Las Lumbres de San Antón [Ver mapa], siguiendo una de las tradiciones más arraigadas en occidente. En lo alto de la hoguera se coloca un muñeco hecho con ropa vieja, relleno de paja y serrín. En su cabeza, pies y manos se colocan petardos, que estallan cuando les alcanza el fuego.

La gente baila junto a las hogueras y canta, sobre todo, “melenchones” con letras casi siempre picantes e ingenuas, que cuentan lances amorosos o acontecimientos de la vida cotidiana, hasta el extremo de que algunas de ellas llegaron a ser crónicas expresivas de la vida de la ciudad. Los vecinos queman lo viejo y degustan las típicas rosetas y la calabaza, junto con morcilla, chorizo y vino.

La festividad de San Antonio Abad llegaría a Jaén hacia el siglo XIII, seguramente con los nuevos habitantes influenciados estos por la devoción que se le profesaba al santo en Francia y Centro Europa.

Tradicionalmente, al atardecer se encendían lumbres en el monte, las huertas, cortijos, caserías y en todos aquellos lugares en los que había ganado y animales domésticos. Es posible que estas hogueras tuvieran connotaciones mágicas, con la intención de ahuyentar las enfermedades y plagas de los animales. Hay también una relación clara con el ciclo de la cosecha y de las labores del olivar.

Precisamente son estos restos de la corta, el ramón, el material básico de la hoguera. A ella se le unen los capachos viejos de esparto, que se usaban en el prensado tradicional, empapados aún en aceite, un excelente combustible, y muebles viejos de los que acaso se cambian una vez que se dispone de dinero al cobrar los jornales de la aceituna.

[Fuente: andalucia.org]